viernes, 20 de marzo de 2009

Muerte ...



Todos pensamos en ella, todos vamos hacia allá.

Normalmente más que verla como alguna natural solemos temerle o aun más fácil solemos ignorarla; incluso el más escéptico abre su mente cuando se ve ante la salida de su vida y el comienzo del camino que llamamos muerte.

El fin de nuestra existencia en esta tierra no significa el fin de la vida, significa el fin de un ciclo. Comprendemos la vida ya que experimentamos la muerte.

Enfrentarnos al dilema de que algún día moriremos, pone a pensar hasta a la mas fría de las personas. La muerte al igual que todo lo desconocido nos intriga y aterra, nos hace darnos cuenta del minúsculo control que en verdad tenemos sobre lo que llamamos vida.

Morir al igual que todo depende del enfoque dado, al temerle a la muerte, la disolución de nuestra personalidad y el desapego, podemos ver la muerte como un descenso al infierno. Al ver la muerte como la liberación de lo terreno y el paso a un nivel elevado de conciencia, lo vemos como una escalera al cielo. La muerte es solo un descanso temporal, la vida es eterna.


La perdida de un ser querido

Cuando normalmente enfrentamos la “perdida” de alguien a quien estimábamos, nos vemos en medio de un conflicto. Tenemos por un lado una vida que nos exige sigamos adelante y por otro lado el dolor causado por la “perdida” que no nos deja continuar.

Lo que realmente nos duele de perder a alguien amado no es la idea de que abandono este mundo, sino más bien la idea de que nos ha abandonado a nosotros. Desprenderse de un ser amado es fácil, desprenderse de un ser querido es difícil. Quien ama comprende que el ciclo en la tierra de la persona que se ha ido ha concluido y debe dejarlo marchar, siempre mantener un recuerdo en monumento al amor que sentimos por esa persona y dejarla ir. Quien quiere se apega a la idea de que dejar partir al ser querido de una manera tranquila equivaldría a demostrar que nunca lo quiso, y que el llanto y el no querer aceptar la situación es la mejor manera de demostrar su “amor”


Es difícil de comprender y sencillo de decir lo anterior. ¿Que madre puede desprenderse de su hijo con tanta sencillez? ¿Qué hijo no llorarlo la muerte de sus padre? No pidamos por que no sufran, pidamos que su sufrimiento no sea en vano

Se podrían escribir millones de palabras que intentaran aclarar lo anterior, pero al final se llegaría siempre a lo mismo “Aceptar lo Inevitable”. La pérdida de la gente que amamos estará presente en la vida de todas las personas y algún día nosotros también causaremos ese “dolor” a quienes nos rodean. La resignación es inútil ya que con ella vivimos un estado de incongruencia (torturados por dentro resignados por fuera). La aceptación es el camino que nos lleva a la liberación. La perdida de un ser querido no debe dejarnos lagrimas, debe hacernos reflexionar acerca del impacto que la vida de esta persona tuvo en nosotros. Hay seres cuya unica mision en la vida es venir a despertarnos. Recordar sus enseñanzas y lo que significo para nosotros el haber podido estar con el, hace que la existencia de esta persona halla tenido un significado.

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